330 Economía
Acción humana
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(von Mises, 1966)

1. Praxeología e historia

Las ciencias de la acción humana se dividen en dos ramas principales: la de la praxeología y la de la historia.

La historia recoge y ordena sistemáticamente todos los datos de experiencia concernientes a la acción humana. Se ocupa del contenido concreto de la actuación del hombre. Examina las empresas humanas en toda su multiplicidad y variedad, así como las actuaciones individuales en cualquiera de sus aspectos accidentales, especiales y particulares. Analiza las motivaciones que impulsaron a los hombres a actuar y las consecuencias provocadas por tal proceder. Abarca cualquier manifestación de la actividad humana. Existe, por eso, la historia general, pero también la historia de sucesos particulares; historia de la actuación política y militar, historia de las ideas y de la filosofía, historia económica, historia de las diversas técnicas, de la literatura, del arte y de la ciencia, de la religión, de las costumbres y de los usos tradicionales, así como de múltiples otros aspectos de la vida humana. También son materia histórica la etnología y la antropología, mientras no invadan el terreno de la biología. Lo mismo acontece con la psicología, siempre que no se meta en la fisiología, epistemología o filosofía. De no menos condición histórica goza la lingüística, en tanto no se adentre en el campo de la lógica o de la fisiología del lenguaje1.

El objeto de estudio de todas las ciencias históricas es el pasado. No nos ilustran, por eso, con enseñanzas que puedan aplicarse a la totalidad de la actividad humana, es decir, a la acción futura también. El conocimiento histórico hace al hombre sabio y prudente. Pero no proporciona, por sí solo, saber ni pericia alguna que resulte útil para abordar ningún supuesto individualizado.

Las ciencias naturales, igualmente, se ocupan de hechos ya pasados. Todo conocimiento experimental se refiere a hechos anteriormente observados; no existe experiencia de acontecimientos futuros. La verdad, sin embargo, es que la experiencia a la que las ciencias naturales deben todos sus triunfos es fruto de la experimentación, merced a la cual se puede examinar aisladamente cada uno de los elementos del cambio. Los datos así reunidos pueden luego utilizarse para el razonamiento inductivo, una de las formas de raciocinio, que en la práctica ha demostrado ciertamente su indudable eficacia, si bien su fundamentación epistemológica todavía, hoy por hoy, no está clara del todo.

La experiencia de que tratan las ciencias de la acción humana es siempre experiencia de fenómenos complejos. En el campo de la acción humana no es posible recurrir a ningún experimento de laboratorio. Nunca se puede ponderar aisladamente la mutación de uno solo de los elementos concurrentes, presuponiendo incambiadas todas las demás circunstancias del caso. La experiencia histórica como experiencia de fenómenos complejos no nos proporciona hechos en el sentido en que las ciencias naturales emplean este término para significar sucesos aislados comprobados de modo experimental. La ilustración proporcionada por la historia no sirve para formular teorías ni para predecir el futuro. Toda realidad histórica puede ser objeto de interpretaciones varias y, de hecho, ha sido siempre interpretada de los modos más diversos.

Los postulados del positivismo y de escuelas metafísicas afines resultan, por tanto, falsos. No es posible conformar las ciencias de la acción humana con la metodología de la física y de las demás ciencias naturales. No hay manera de establecer una teoría a posteriori de la conducta del hombre y de los acontecimientos sociales. La historia no puede ni probar ni refutar ninguna afirmación de valor general como lo hacen las ciencias naturales, las cuales aceptan o rechazan las hipótesis según coincidan o no con la experimentación. No es posible en ese terreno comprobar experimentalmente la veracidad o la falsedad de una proposición general.

Los fenómenos complejos, engendrados por la concurrencia de diversas relaciones causales, no permiten evidenciar la certeza o el error de teoría alguna. Antes al contrario, esos fenómenos sólo resultan inteligibles si se interpretan a la luz de teorías previamente desarrolladas a partir de otras fuentes. En el ámbito de los fenómenos naturales la interpretación de un acontecimiento debe encajar en las teorías verificadas satisfactoriamente mediante la experimentación. En el terreno de los hechos históricos no existe tal restricción. Pueden formularse las más arbitrarias explicaciones. Cuando se trata de explicar algo, la mente humana no duda en inventar ad hoc las más imaginarias teorías carentes de toda justificación lógica.

Pero, en la esfera de la historia, la praxeología viene a imponer a la interpretación de los hechos restricciones semejantes a las que las teorías experimentalmente contrastadas imponen cuando se trata de interpretar y aclarar acontecimientos de orden físico, químico o fisiológico. La praxeología no es una ciencia histórica, sino teórica y sistemática. Su objeto es la acción humana como tal, con independencia de todas las circunstancias ambientales, accidentales e individuales de los actos concretos. Sus enseñanzas son de orden puramente formal y general, ajenas al contenido material y a las condiciones peculiares del caso de que se trate. Aspira a formular teorías que resulten válidas en cualquier caso en el que efectivamente concurran aquellas circunstancias implícitas en sus supuestos y construcciones. Sus afirmaciones y proposiciones no derivan del conocimiento experimental. Como los de la lógica y la matemática, son a priori. Su veracidad o falsedad no puede ser contrastada mediante el recurso a acontecimientos ni experiencias. Lógica y temporalmente, son anteriores a cualquier comprensión de los hechos históricos. Constituyen obligado presupuesto para la aprehensión intelectual de los sucesos históricos. Sin su concurso, los acontecimientos se presentan ante el hombre en caleidoscópica diversidad e ininteligible desorden. (von Mises, 1966)

Footnotes

  1. La historia económica, la economía descriptiva y la estadística no son, desde luego, otra cosa que historia. El término sociología se emplea en un doble sentido. La sociología descriptiva se ocupa de aquellos fenómenos históricos de la acción humana que no trata la economía descriptiva; hasta cierto punto, viene a invadir el campo de la etnología y la antropología. La sociología general examina la experiencia histórica con un criterio más universal que el adoptado por las demás ramas de la historia. Así, la historia propiamente dicha se interesará por una ciudad, o por las diversas ciudades en una cierta época, o por una nación individualizada, o por determinada área geográfica. Sin embargo, Max Weber, en su obra fundamental (Wirtschaft und Gesellschaft, pp. 513-660, Tubinga 1922 [tr. esp.: Economía y sociedad, FCE, México 1984]), aborda el estudio de la ciudad en general, es decir, examina toda la experiencia histórica atinente a la ciudad, sin limitarse a ningún específico periodo histórico, zona geográfica, pueblo, nación, raza o civilización.↩︎