1. El tiempo como factor praxeológico
La idea de cambio implica la idea de sucesión temporal. Un universo rígido, eternamente inmutable, se hallaría fuera del tiempo, pero sería cosa muerta. Los conceptos de cambio y de tiempo están inseparablemente ligados. La acción aspira a determinada mutación y por ello tiene que pertenecer al orden temporal. La razón humana no es capaz de concebir ni una existencia intemporal ni un actuar fuera del tiempo.
Quien actúa distingue el tiempo anterior a la acción, de un lado, el tiempo consumido por la misma, de otro, y el posterior a ella, en tercer lugar. No puede el ser humano desentenderse del tracto temporal.
La lógica y la matemática manejan sistemas de razonamiento ideal. Las relaciones e implicaciones de su sistema son coexistentes e independientes. Podemos decir que son sincrónicas o que se encuentran fuera del tiempo. Una inteligencia perfecta podría aprehenderlas todas de golpe. La incapacidad de la mente humana para realizar esa síntesis convierte el pensar también en acción que progresa, paso a paso, desde un estado menos satisfactorio, de cognición insuficiente, a otro más satisfactorio, de mayor conocimiento. Sin embargo, conviene no confundir el orden temporal en que el conocimiento va adquiriéndose con la simultaneidad lógica de todas las partes que integran el sistema deductivo apriorístico. Los conceptos de anterioridad y consecuencia, en este terreno, sólo pueden emplearse de modo metafórico, pues no se refieren al sistema, sino a nuestros propios actos intelectivos. El orden lógico en sí no admite las categorías de tiempo ni de causalidad. Existe, desde luego, correspondencia funcional entre sus elementos, pero no hay ni causa ni efecto.
Lo que distingue desde el punto de vista epistemológico el sistema praxeológico del lógico es precisamente que aquél presupone las categorías de tiempo y causalidad. El orden praxeológico, evidentemente, como el lógico, también es apriorístico y deductivo. En cuanto sistema, se halla igualmente fuera del tiempo. La diferencia entre el uno y el otro estriba en que la praxeología se interesa precisamente por el cambio, por el demasiado tarde y el demasiado temprano, por la causa y el efecto. Anterioridad y consecuencia son conceptos esenciales al razonamiento praxeológico y lo mismo sucede con la irreversibilidad de los hechos. En el marco del sistema praxeológico, cualquier referencia a correspondencias funcionales resulta tan metafórica y errónea como el aludir a anterioridad y consecuencia dentro del sistema lógico1. (von Mises, 1966)
Footnotes
En un tratado de economía no es preciso discutir la posibilidad de formular una mecánica como sistema axiomático en el que el concepto de función sustituiría al de causa y efecto. Más adelante procuraremos demostrar por qué ningún mecanicismo axiomático puede servir para el estudio del orden económico. V. infra, cap. XVI, 5.↩︎