3. La economización del tiempo
El hombre no puede desentenderse del paso del tiempo. Nace, crece, envejece y muere. Es escaso el lapso temporal de que dispone. Por eso debe administrarlo, al igual que hace con los demás bienes escasos.
La economización del tiempo ofrece aspectos peculiares en razón de la singularidad e irreversibilidad del orden temporal. La importancia de este hecho se manifiesta a lo largo de toda la teoría de la acción.
Hay una circunstancia que en esta materia conviene destacar; la de que la administración del tiempo es distinta de la administración de que son objeto los demás bienes y servicios. Porque incluso en Jauja se vería el hombre constreñido a economizar el tiempo, a no ser que fuera inmortal y gozara de juventud eterna, inmarcesible salud y vigor físico. Aun admitiendo que el individuo pudiera satisfacer, de modo inmediato, todos sus apetitos, sin invertir trabajo alguno, habría, no obstante, de ordenar el tiempo, al haber satisfacciones mutuamente incompatibles entre sí que no se pueden disfrutar simultáneamente. El tiempo, incluso en tal planteamiento, resultaría escaso para el hombre, quien se vería sometido a la servidumbre del antes y del después. (von Mises, 1966)