3. La acción calculadora
Todas las categorías praxeológicas son eternas e inmutables, puesto que se hallan exclusivamente determinadas por la constitución lógica de la mente humana y por las condiciones naturales de la existencia del hombre. Tanto al actuar como al teorizar sobre la acción, el hombre no puede ni librarse de estas categorías ni rebasarlas. No le es posible realizar y ni siquiera concebir una acción distinta de la que estas categorías determinan. El hombre jamás podrá representarse una situación en la que no hubiera ni acción ni ausencia de acción. La acción no tiene antecedentes históricos; ninguna evolución conduce de la no acción a la acción; no hay etapas transitorias entre la acción y la no acción. Sólo existe el actuar y el no actuar. Y cuanto prediquemos categóricamente de la acción en general será rigurosamente válido para cada acción concreta.
La acción puede siempre emplear los números ordinales. En cambio, para que la misma pueda servirse de los cardinales y, consecuentemente, hacer uso del cómputo aritmético, deben concurrir determinadas circunstancias. Éstas emergen a lo largo de la evolución histórica de la sociedad contractual. De este modo se abrió el camino al cómputo y al cálculo para planear la acción futura y determinar los efectos producidos por acciones pasadas. Los números cardinales y las operaciones aritméticas son también categorías eternas e inmutables de la mente humana. Pero su aplicabilidad tanto a la acción futura como a la evaluación de los actos realizados sólo es posible si concurren particulares circunstancias, coyunturas que no se daban en las organizaciones primitivas, que sólo más tarde aparecieron y que tal vez un día desaparezcan.
El hombre, observando cómo se desenvuelve un mundo en el que era posible el cómputo y cálculo de la acción, pudo formular la praxeología y la economía. La economía es esencialmente una teoría sobre aquel campo de la acción en que se aplica o puede aplicarse el cálculo siempre que se den determinadas condiciones. Es de suma importancia, tanto para la vida humana como para el estudio de la acción, distinguir entre la acción calculable de la que no lo es. Es una nota típica de la civilización moderna el haber arbitrado un sistema que permite aplicar los métodos aritméticos a un amplio sector de actividades. A tal circunstancia alude la gente cuando califican de racional —adjetivo éste de dudosa validez— nuestra civilización.
El deseo de captar mentalmente y analizar los problemas que se plantean en un sistema de mercado en el que puede aplicarse el cálculo fue el punto de partida del pensamiento económico que luego condujo a la formulación de la praxeología general. Sin embargo, no es la consideración de este hecho histórico lo que hace necesario iniciar la exposición de un sistema completo de economía por el análisis de la economía de mercado y hacer preceder este análisis de un examen del problema del cálculo económico. No son razones de tipo histórico ni heurístico las que aconsejan este procedimiento, sino las exigencias de un rigor lógico y sistemático. Lo que sucede es que los problemas que nos interesan sólo toman cuerpo y cobran sentido dentro del marco de una economía de mercado capaz, por tanto, de calcular. Únicamente en hipotética y figurativa transposición se puede aludir a ellos cuando se quiere analizar otros sistemas de organización económica en los que el cálculo no resulta posible. El cálculo económico es el instrumento fundamental para comprender los problemas que comúnmente calificamos de económicos.