4. La economía autística
Ninguna construcción imaginaria ha sido más acerbamente criticada que la que supone la existencia de un sujeto económico aislado que se basta a sí mismo. Sin embargo, la economía no puede prescindir de dicho modelo. Para estudiar debidamente el cambio interpersonal, el economista se ve obligado a contrastarle con aquellos supuestos en los que no podría darse. En este sentido recurre a dos ejemplos de economía autística: el de la economía del individuo aislado y el de la economía de una sociedad socialista. Los economistas, al servirse de estas construcciones imaginarias, se desentiende del problema referente a si la economía autística puede efectivamente funcionar o no1.
El estudioso advierte perfectamente que el modelo es ficticio. Ni a Robinson Crusoe —que, pese a todo, tal vez efectivamente haya vivido— ni al jerarca supremo de una comunidad socialista aislada —la cual históricamente hasta ahora nunca ha existido— les resultaría posible planear y actuar como, en cambio, lo hacen quienes pueden recurrir al cálculo económico. No obstante, en el marco de nuestra construcción imaginaria podemos perfectamente suponer que dichos cálculos pueden efectuarse, si tal suposición permite abordar mejor los problemas examinados.
En la imaginaria construcción de una economía autística se basa la popular distinción entre productividad y lucratividad en que se basan tantos juicios de valor. Quienes recurren a tal diferencia estiman que la economía autística, especialmente la de tipo socialista, es el más deseable y perfecto sistema de gestión. Enjuician los diferentes fenómenos de la economía de mercado valorando cada uno de ellos según resulte o no justificado desde el punto de vista de la organización socialista. Sólo atribuyen valor positivo, calificándolas de «productivas», a aquellas actuaciones que el jerarca económico de tal sistema practicaría. Las restantes actividades realizadas en una economía de mercado se tildan de improductivas, independientemente de que puedan ser provechosas para quienes las ejercen. Así, por ejemplo, el arte de vender, la publicidad y la banca se consideran actividades rentables, pero improductivas.
Es claro que la economía nada tiene que decir acerca de tan arbitrarios juicios de valor.
Footnotes
Estamos abordando ahora problemas puramente teóricos, en modo alguno históricos. Podemos, consecuentemente, eludir las objeciones contra el concepto del individuo aislado, contemplando en nuestros análisis la economía familiar autística, que sí ha existido.↩︎