4. El mercado crediticio
Los tipos brutos de interés que produce el mercado crediticio no son uniformes. El componente empresarial, comprendido en ellos invariablemente, cambia según las específicas circunstancias de cada operación concreta. Uno de los mayores defectos de los estudios y análisis que, desde un punto de vista estadístico, pretenden examinar el movimiento de los tipos de interés consiste precisamente en pasar por alto este factor. De nada sirve ordenar por épocas los tipos de interés del mercado o los tipos de descuento de los bancos centrales. Los datos así obtenidos no pueden ser objeto de medida. Un mismo tipo de descuento tiene valor diferente según el momento en que rija. Es más, resultan tan distintas las circunstancias institucionales que regulan la actividad de la banca central y privada de cada país y los respectivos mercados crediticios que induce a confusión comparar los tipos de interés sin ponderar debidamente las específicas diferencias de cada caso. A priori sabemos que, siendo iguales las demás circunstancias, el prestamista prefiere el interés alto al bajo, mientras que el prestatario busca lo contrario. Pero lo cierto es que las demás circunstancias nunca son iguales, sino siempre diferentes. En el mercado crediticio prevalece una tendencia a la igualación del interés bruto en los créditos en que el factor determinante de la magnitud del componente empresarial y la compensación por la variación de los precios sean iguales. Este conocimiento nos proporciona un instrumento mental para interpretar correctamente la historia de los tipos de interés. Sin la ayuda de este conocimiento, los copiosos datos históricos y estadísticos no son más que un cúmulo de cifras sin sentido. Al relacionar, según la época, los precios de determinadas materias primas, el empirismo puede aparentemente justificarse sobre la base de que las cifras manejadas se refieren al menos a unos mismos objetos físicos. (Sin embargo, el argumento no convence, pues los precios no dependen de las propiedades físicas de las cosas, sino del cambiante valor que los hombres atribuyen a tales propiedades). Pero tratándose del interés, ni siquiera esa mala excusa puede aducirse. Los diferentes tipos brutos de interés no tienen de común más que los distintos componentes que en ellos distingue la teoría cataláctica. Se trata de fenómenos complejos de los que no podemos servirnos para formular una teoría empírica o a posteriori del interés. Ni atestiguan ni contradicen lo que la teoría predica de estos problemas. Debidamente ponderados, a la luz de las enseñanzas de la ciencia, son datos de indudable interés para la historia económica; pero para la teoría económica carecen de toda utilidad.
Suele distinguirse entre el mercado de créditos a corto plazo (mercado del dinero) y el de los créditos a largo plazo (mercado de capitales). Un análisis más riguroso debe hacer mayores distinciones entre los préstamos sobre la base de su respectiva duración. Hay, además, diferencias de orden jurídico por razón de las acciones procesales que el correspondiente contrato pueda conceder al acreedor. El mercado crediticio, en conclusión, no es homogéneo. Las diferencias más conspicuas entre los tipos de interés, sin embargo, resultan del componente empresarial, integrante siempre del interés bruto. A este hecho se alude cuando se dice que el crédito se basa en la confianza y la buena fe.
La conexión entre todos los sectores del mercado crediticio y entre los tipos brutos de interés en él determinados se produce por la tendencia del interés neto incluido en el bruto hacia una tasa última de interés originario. En relación con esta tendencia, la teoría cataláctica puede tratar el interés de mercado como si fuera un fenómeno uniforme, separando del mismo el componente empresarial, siempre, como decíamos, incluido en el interés bruto, así como la compensación por diferencia de precios, a veces también comprendida en él.
Los precios de las mercancías y servicios se mueven constantemente hacia un determinado precio final. Si este último se alcanzara, mostraría en la proporción entre los precios de los bienes futuros y los de los presentes el tipo final del interés originario. Pero en la economía cambiante nunca se llega a alcanzar ese imaginario estado final. Continuamente se producen hechos nuevos que desvían la tendencia de los precios desde los fines a que tendían originariamente hacia un estado final distinto, al que puede corresponder un tipo de interés originario diferente. El interés originario no goza de mayor permanencia que los precios o los salarios.
Quienes se dedican prudentemente a reajustar el empleo de los factores de producción a los cambios que registran las circunstancias de cada momento —es decir, los empresarios y promotores— basan sus cálculos en los precios, salarios y tipos de interés que el mercado determina. Advierten la existencia de diferencias entre los precios actuales de los factores complementarios de producción y el previsto precio del producto terminado —una vez deducido del mismo el interés de mercado— aspirando a lucrarse con tales diferencias. Es clara la función que el interés desempeña en los cálculos del hombre de negocios. La cuantía del interés le dice hasta qué punto puede detraer factores de producción de la atención de necesidades más próximas y destinarlos a proveer otras temporalmente más remotas. Le indica cuál será el periodo de producción que en cada caso se ajusta efectivamente al diferente valor que la gente otorga a los bienes presentes con respecto a los futuros. Le prohíbe lanzarse a empresas que no se compaginen con las limitadas existencias de bienes de capital efectivamente ahorradas por la gente.
Debido a la influencia que puede ejercer sobre esta primordial función del tipo de interés, la fuerza impulsora del dinero adquiere un significado especial. Las variaciones de origen dinerario registradas por la relación monetaria pueden afectar, en determinados casos, al mercado crediticio antes que al precio de las mercancías y del trabajo. El incremento o la disminución de las existencias de dinero (en sentido amplio) pueden aumentar o restringir la oferta de numerario en el mercado crediticio, provocando, consecuentemente, un alza o baja del interés bruto, pese a no haber registrado el tipo de interés originario variación alguna. En tales supuestos, el interés de mercado se aparta del que corresponde a las existencias de bienes de capital disponibles y al tipo de interés originario. Deja entonces de cumplir su específica función, la de guiar y orientar las decisiones empresariales, y trastorna los cálculos del empresario, apartándole de aquellas vías que mejor permitirían atender las más urgentes necesidades de los consumidores.
Hay, además, otro aspecto que igualmente merece consideración. Si, permaneciendo idénticas las demás circunstancias, aumentan o disminuyen las existencias de dinero (en sentido amplio) y se provoca así una tendencia general al alza o a la baja de los precios, la compensación positiva o negativa (positive or negative price premium) habrá de incorporarse al interés incrementando o menguando el tipo de mercado. Pero si los cambios de la relación monetaria afectan, en primer término, al mercado crediticio, los tipos de interés registran variaciones, pero precisamente de signo contrario. Mientras se requeriría una compensación positiva o negativa para reajustar los tipos de interés de mercado a las variadas existencias monetarias, los tipos del interés bruto bajan o suben en sentido contrario. He aquí un segundo motivo por el cual la compensación no puede resarcir ni anular enteramente los efectos que las variaciones de origen dinerario registradas por la relación monetaria provocan en el contenido de los contratos con pagos aplazados. Porque lo cierto es que tal compensación se produce con retraso; como dijimos anteriormente, la misma se rezaga tras las ya acontecidas variaciones registradas por el poder adquisitivo del dinero. Ahora, además, observamos que a veces aparecen fuerzas que actúan en sentido diametralmente contrario al de la compensación y que surgen antes incluso de que esta última tome cuerpo.