330 Economía
Acción humana
Teoría del mercado
Author

(von Mises, 1966)

2. El factor temporal en la utilización de la tierra

Nuestra ciencia, al analizar el concepto económico de tierra, comienza distinguiendo los factores originarios humanos de los no humanos. Comoquiera que, por lo general, para poder aprovechar y explotar estos factores de producción no humanos le es preciso al hombre disponer de cierta porción de la corteza terrestre, el análisis de esos factores suele incluirse en el estudio del factor tierra1.

Es importante al estudiar la tierra desde el punto de vista económico, es decir, los factores originarios de producción no humanos, separar netamente el campo de la praxeología del de la cosmología. La cosmología puede proclamar la invariabilidad y permanencia de la masa y la energía. Dado el escaso influjo que el hombre ejerce sobre las circunstancias físicas del mundo, podemos asegurar que la naturaleza es indestructible e inmodificable o, mejor dicho, que resulta inmune a la capacidad destructiva del hombre.

La erosión terrestre (en el sentido más amplio del término) que podemos causar es ridícula comparada con la potencialidad de las fuerzas geológicas. Ignoramos si un día la evolución cósmica, dentro de millones de años, transformará lo que hoy son estepas y desiertos en fértiles vergeles y en estériles páramos las actuales selvas vírgenes. Precisamente porque nadie puede prever tales cambios ni atreverse a influir en los acontecimientos cósmicos capaces de producirlos, es inútil especular sobre ellos al tratar de los problemas de la acción humana2.

Las ciencias naturales pueden afirmar que los factores naturales de producción aprovechados en la explotación forestal, la ganadería, la agricultura y en usos hidráulicos se reproducen por sí solos periódicamente. Es posible que, aun cuando nos propusiéramos destruir enteramente la capacidad productiva de la corteza terrestre, sólo lo lograríamos de un modo imperfecto y únicamente en reducidas zonas. Pero no es eso lo que el hombre considera cuando actúa. La periódica regeneración de la capacidad productiva de la tierra no influye sobre los sujetos actuantes de forma imperativa e invariable. Podemos explotar el suelo de modos muy diferentes; podemos reducir o incluso anular, durante cierto lapso temporal, la natural capacidad regenerativa del terreno en cuestión, teniendo que efectuar una desproporcionada inversión de capital y trabajo si se desea reponer rápidamente la primitiva feracidad. El hombre tiene que optar entre diferentes modos de explotar el suelo y son diferentes los efectos que causa cada uno de ellos sobre la conservación del terreno y la renovación de su capacidad productiva. El factor temporal en materia de caza, pesca, pastoreo, cría de ganado, cultivos agrarios, explotaciones forestales y aprovechamiento de aguas desempeña su papel como en cualquier otra rama productiva. Una vez más, vemos cómo el hombre se ve forzado a optar entre atender más pronto o más tarde sus necesidades. Reaparece el interés originario influyendo sobre el hombre en estas materias como en cualquier otra actividad humana.

Circunstancias institucionales pueden inducir a la gente a la más inmediata satisfacción de sus necesidades, desinteresándose de la futura provisión de las mismas. Cuando no existe la propiedad privada de las tierras y todo el mundo —o sólo determinado grupo de favorecidos, de hecho o por privilegios especiales— puede explotarlas en beneficio propio, nadie se preocupa del futuro aprovechamiento de los terrenos en cuestión. Otro tanto acontece cuando el propietario cree que va a ser en breve desposeído de sus tierras. En ambos supuestos, al sujeto sólo le interesa sacar el máximo provecho inmediato. Se despreocupa de las consecuencias futuras que su actuar puede provocar. El futuro deja de contar. La historia registra innumerables casos de destrucción, por estos motivos, de riquezas forestales, piscícolas y cinegéticas, así como de otros múltiples bienes naturales.

Desde el punto de vista físico, jamás puede decirse que la tierra se consuma como, por ejemplo, se consumen los bienes de capital. Los producidos factores de producción van, paulatinamente, inutilizándose a lo largo del proceso productivo, es decir, se van transformando en bienes diversos que, finalmente, serán consumidos por la gente. Para que no se desvanezca el ahorro y el capital acumulado, es necesario que, además de bienes de consumo, fabriquemos los bienes de capital necesarios para reponer los desgastados en el proceso productivo. En otro caso, estaríamos consumiendo bienes de capital. Sacrificaríamos el futuro al presente; viviríamos hoy en la opulencia, para estar mañana en la indigencia.

Ahora bien, se dice con frecuencia, no sucede lo mismo con la tierra. No puede ésta consumirse. Pero sólo en sentido geológico resulta admisible la afirmación. Tampoco desde tal punto de vista puede decirse que una máquina o un ferrocarril se consuman. El balasto de las explanaciones, el hierro y el acero de los carriles, los coches y las locomotoras, físicamente no se destruyen. Sólo en sentido praxeológico puede decirse que una herramienta, un ferrocarril, un horno metalúrgico se consume y desaparece. En tal sentido económico la capacidad productiva de la tierra también se desgasta. Esa capacidad productiva aparece, en las actividades forestales y agrícolas y en el aprovechamiento de las aguas, como factor específico de producción. El hombre, al explotar la capacidad productiva del suelo, como en cualquier otra rama de la producción, debe optar entre sistemas que de momento incrementan la producción, si bien perjudican la productividad futura, y otros cuya fecundidad inmediata es menor, pero, en cambio, no dañan la rentabilidad del futuro. Se puede forzar tanto la producción actual que la futura (por unidad de capital y trabajo invertido) se minimice o incluso se anule.

La capacidad devastadora del hombre tiene indudables límites. (Este poder destructivo puede ejercerse más ampliamente en materia forestal, cinegética o piscícola que en lo meramente agrario). Ello da lugar a que se pueda apreciar diferencia cuantitativa, aunque no cualitativa, entre el consumo de capital y el desgaste de la tierra por la intervención del hombre.

Ricardo calificaba los poderes de la tierra de «originarios e indestructibles»3. Sin embargo, la economía moderna debe sostener que carece de todo interés para el hombre, en lo que respecta a su valoración y apreciación, el que determinado factor sea originario o humanamente producido y que la indestructibilidad de la masa y la energía, sea cual fuere lo que ello signifique, no atribuye a la utilización de la tierra un carácter distinto del de las otras ramas de producción.

Footnotes

  1. Las normas legales que pueden desgajar el derecho de caza, de pesca o de extracción de minerales de las restantes facultades dominicales del propietario de un terreno carecen de interés cataláctico. El término tierra para la cataláctica comprende también las áreas cubiertas por las aguas.↩︎

  2. El problema de la entropía cae también fuera del ámbito praxeológico.↩︎

  3. Ricardo. Principles of Political Economy and Taxation, p. 34 [tr. esp., FCE, México 1973].↩︎