330 Economía
Acción humana
Teoría del mercado
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(von Mises, 1966)

3. La tierra submarginal

Los servicios que una cierta parcela de terreno puede rendir durante un determinado periodo temporal son limitados. Si fueran ilimitados, la tierra dejaría de considerarse bien económico y factor de producción. La naturaleza, sin embargo, en este aspecto, ha sido tan pródiga con nosotros, hay tantas tierras sin cultivar, que puede decirse que sobra terreno. El hombre, por eso, sólo explota los campos de mayor productividad. Existen innumerables predios potenciales que la gente —bien sea por su limitada fecundidad, bien sea por su desfavorable ubicación— considera demasiado pobres para que valga la pena cultivarlos. La tierra marginal, es decir, la tierra más pobre que se cultiva, no produce, por tanto, renta en sentido ricardiano1. El terreno submarginal carecería por completo de valor si no fuera porque se prevé la posibilidad de su futuro aprovechamiento2.

En la economía de mercado no hay mayor producción de artículos agrícolas porque escasea tanto el capital como el trabajo, no porque falte tierra cultivable. Si de pronto se pudiera incrementar la cantidad de terrenos disponibles —invariadas las restantes circunstancias— sólo se ampliaría la producción agraria en el caso de ser la feracidad de esos adicionales suelos superior a la de la tierra marginal a la sazón cultivada. Dicha producción, en cambio, aumentaría con cualquier incremento del capital o trabajo disponibles, siempre y cuando los consumidores no prefirieran dar a ese capital o a esa capacidad laboral adicional otro destino que permita atender mejor sus necesidades más urgentes3.

Los minerales que el hombre tiene a su disposición también son limitados. Es cierto que algunas de dichas sustancias son fruto de diversos procesos naturales, de tal forma que todavía no se ha detenido la producción de las mismas. Pero la lentitud y la enorme duración de los procesos da lugar a que, por lo que atañe a la acción humana, tales efectos deban despreciarse. El hombre halla rigurosamente tasados los yacimientos minerales. No hay mina ni pozo petrolífero inagotable; numerosas explotaciones antes riquísimas se hallan totalmente exhaustas. Es posible que se descubran nuevos filones y se inventen procedimientos técnicos que permitan explotar veneros hoy inaprovechables. Podemos, igualmente, confiar en que las generaciones futuras, gracias al adelanto técnico, aprovecharán materias naturales que no sabemos hoy explotar. Esas posibilidades, sin embargo, para nada influyen en nuestras presentes actividades extractivas y de prospección. Nada hay en el mundo minero que otorgue a las correspondientes actuaciones una condición cataláctica distinta de la restante acción humana. Para nuestra ciencia son sólo diferencias adjetivas y puramente accidentales las que presentan las tierras explotadas con fines agrícolas y las aprovechadas en labores mineras.

Aun cuando en realidad son limitadas nuestras disponibilidades y se puede valorar teóricamente la posibilidad de que un día los yacimientos minerales se agoten totalmente, el hombre, al actuar, no procede como si los mismos estuvieran rígidamente limitados. Sabemos que hay filones y pozos que van a terminarse; pero no nos preocupa ese alejado e incierto día futuro en que las materias minerales que nos interesan habrán sido enteramente consumidas. Las existencias, hoy por hoy, son tan enormes que el hombre no llega a aprovechar depósitos perfectamente conocidos en aquel grado que sus conocimientos técnicos le permitirían. Las minas se explotan tan sólo mientras no haya otros cometidos más urgentes a los que se pueda destinar el capital y el trabajo. Existen, por tanto, minas submarginales sin explotar. La producción en las que se explotan está condicionada por la relación que en cada caso pueda darse entre el precio de los minerales obtenidos y el de los factores de producción no específicos que sea preciso invertir.

Footnotes

  1. En determinadas zonas geográficas, todo el terreno se aprovecha para el cultivo u otros usos. Pero ello es consecuencia de condiciones institucionales que impiden a los habitantes de dichas zonas el acceso a otros suelos inexplotados de mayor feracidad.↩︎

  2. El valor de un terreno no debe confundirse con el de sus mejoras, es decir, las obras en él realizadas mediante la inversión de capital y trabajo, de condición inconvertible e inseparable, obras que facilitan la explotación de la parcela e incrementan la futura producción de la misma por unidad de futura inversión.↩︎

  3. Naturalmente, estas consideraciones se refieren sólo a las condiciones en que no hay barreras institucionales que perturben la movilidad del capital y el trabajo.↩︎