330 Economía
Acción humana
Lugar de la economía en la sociedad
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(von Mises, 1966)

1. Los estudios económicos

Las ciencias naturales se basan en hechos experimentalmente constatados. Las teorías físicas o biológicas se contrastan con los datos experimentales, y son rechazadas en cuanto contradicen lo que atestigua la experiencia. El progreso de tales disciplinas, así como el perfeccionamiento de la técnica y la terapéutica, reclaman trabajos experimentales cada día mayores. La experimentación exige grandes inversiones de tiempo, de actividad especializada y de factores materiales. Nada puede ya, en este terreno, hacer el investigador aislado y sin recursos, por inteligente que sea. Sólo en los enormes laboratorios financiados por el estado, las universidades, las fundaciones y las grandes empresas se puede hoy experimentar e investigar. El trabajo en dichos centros es muchas veces meramente rutinario. La mayor parte de las personas que en ellos trabajan no son más que técnicos cuya actividad se limita a reunir datos, que después científicos de altura, también a veces experimentadores, ensamblan en fecundas teorías. La función de aquellos expertos es sólo auxiliar e instrumental en relación con el progreso científico, aun cuando en algunas ocasiones pueden efectuar interesantes descubrimientos directamente aprovechables en el terreno de la terapéutica o de los negocios.

Cree la gente, desconociendo la radical diferencia epistemológica entre las ciencias naturales y las ciencias de la acción humana, que para ampliar los conocimientos económicos convendría organizar el estudio de nuestra disciplina de acuerdo con los bien acreditados métodos seguidos en medicina, física o química. Se han gastado importantes sumas en los seminarios dedicados a supuestas investigaciones económicas. Lo único que en dichos centros se hace es historia económica del pasado reciente.

La historia económica es, ciertamente, una laudable disciplina. Pero por interesante que sea dicho estudio, nunca hay que confundirlo con el verdadero análisis económico. Jamás puede éste procurar datos en el sentido que el vocablo tiene cuando se trata de experiencias de laboratorio. Los conocimientos que de este modo se consiguen no pueden emplearse para establecer con ellos hipótesis y teoremas. Por el contrario, esta información sólo cobra sentido cuando se interpreta a la luz de previas teorías lógicamente deducidas y estructuradas con total independencia de lo que aquellos estudios puedan decir. No es el caso de repetir aquí lo que sobre el particular dijimos en anteriores capítulos. Ninguna discusión económica puede solucionarse a la mera vista de hechos históricos; es preciso recurrir ante todo a determinadas teorías praxeológicas1.

La creación de laboratorios consagrados a la investigación del cáncer es muy posible que contribuya al descubrimiento de métodos que combatan e impidan la aparición de tan terrible enfermedad. Un seminario de investigación económica, por el contrario, en nada puede ayudar a evitar una crisis económica. De muy escasa utilidad resulta, en relación con el estudio de los fenómenos depresivos, la recopilación de datos relativos a pasadas depresiones, por sistemático y fidedigno que el trabajo sea. Los investigadores no disienten en cuanto a los hechos, sino en la interpretación de los mismos.

Todavía más importante es el hecho de que es imposible reunir los datos relativos a hechos concretos sin hacer referencia a las teorías sustentadas por el historiador al iniciar su trabajo. El historiador nunca refleja la totalidad de las circunstancias concurrentes, sino tan sólo aquéllas que considera de interés según los puntos de vista doctrinales que mantenga; omite cuanto estima irrelevante para la interpretación del suceso que le ocupa. Los trabajos históricos carecen prácticamente de valor cuando su autor ha sido cegado por erróneas teorías.

Ningún análisis de la historia económica, ni siquiera la del más inmediato pasado, puede reemplazar al puro razonamiento económico. La economía, como la lógica y las matemáticas, exige constantemente recurrir al razonamiento abstracto. La ciencia económica nunca puede ser experimental ni empírica. Por eso, el economista no necesita de instalaciones costosas para llevar a cabo sus investigaciones. Le basta disponer de una mente lúcida, capaz de distinguir claramente en la diversidad de acontecimientos los que son esenciales de los meramente accidentales.

No tratamos, desde luego, de enfrentar la economía y la historia económica. Cada rama del saber tiene su propio mérito y utilidad. El economista nunca pretendió menospreciar al historiador. Los auténticos historiadores, por su parte, tampoco se mostraron opuestos a la investigación económica. El antagonismo entre ambas disciplinas fue deliberadamente provocado por socialistas e intervencionistas, al hallarse convencidos de que la dialéctica de los economistas era incontrovertible. La Escuela Histórica y el Institucionalismo procuraron por todos los medios desvirtuar la ciencia económica, pretendiendo sustituirla por estudios «empíricos», precisamente porque no podían resistir el impacto lógico de los economistas. Su historia económica había de ser el arma que socavara el prestigio de la economía y que facilitara la difusión del intervencionismo.

Footnotes

  1. V., en relación con estos decisivos problemas epistemológicos, pp. 37-50; acerca de la economía «cuantitativa», pp. 66-70 y 421-424; y respecto a la diferente interpretación de la «revolución industrial», pp. 730-736.↩︎